Volviendo el otro día de mis clases particulares con mis auriculares puestos a todo volumen (que preveo que como siga así voy a tener serios problemas auditivos. Pero bah, será por una buena causa) me dio por pensar en la gran monotonía que inunda mi vida, la tuya y la de todos, esa monotonía a la que la gente suele llamar "rutina".
"Puaf, ya viene la plasta esta a quejarse de nuevo" pensarán todos. Pero no. Hoy me siento positiva y quizás hasta escriba algo que me anime en vez de deprimirme más.
En efecto, cuando volvía de las clases pensaba que todo era una mierda, siempre lo mismo, nunca ningún cambio. ¿Qué sentido tenía vivir, habiendo tantas cosas por ahí fuera y tú sobreviviendo en ese mundo de la misma forma cada día? Ninguno, claro que ningún sentido.
A todo el mundo le gustaría acostarse observando el anochecer de París y al día siguiente levantarse oyendo como fluye la vida en Nueva York.
Pero hoy, justo hoy, me he dado cuenta de que la rutina tampoco llega a parecer tan mala como la solemos pintar.
Siempre hay algo que cambia, siempre. Desde una conversación interesante hasta un sentimiento.
Ayer me gritaron por pasota y desinteresada, hoy me han abrazado y me han dado a entender que soy importante para algunas personas. El cambio existe, otra cosa es que sea mayor o menor, que sepamos distinguirlo o sentirlo.
Por eso creo que siempre hay que tener las puertas abiertas a lo que te deparará el siguiente día, hora, minuto. Afrontarlo con alegría, tristeza, dolor... pero hacerlo con la curiosidad de qué será lo próximo que presenciarás.
Nada es igual, siempre hay alguien/algo que cambia tu día para bien o para mal~

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